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Lunes 19 de junio de 2017

Hacia dónde va el supermercadismo

En París, se realizó la exposición Viva Technology, una muestra gigantesca del negocio digital.
Y entre los interrogantes planteados, los expositores y asistentes exploraron hacia dónde va el comercio: ¿cómo será el retail en 10 años?
Entre las propuestas vistas, apareció una impresora 3D que trabajaba con alimentos, armando chocolates a medida, o bocaditos de puré o palta. También se vio un changuito con cámaras inteligentes que reconocían la forma de cada uno de los productos de las góndolas, para ir facturando cuando el cliente metía el producto dentro.
Al evolucionar la manera de vender, los market en Francia incluían productos exhibidos como en un mercado callejero, para hacerlos más amigables: pan horneado tres veces al día, flores, marcas propias de alta gama, distribuidos en la ciudad como los Express porteños, pero apuntando a una vida diferente: comida hecha, sushi, champagne y cerveza fríos, estantes con todo listo para preparar un coctail. Hasta mesas para tomar un café con cargador para el celular. El servicio empieza a superar al producto en sí.
En poco tiempo, aparecería un formato similar en Buenos Aires: locales con mucha comida preparada, ensaladas, bebidas frías, apuntando a los oficinistas. Pero que también tuviera lo básico para un público general. Superficies de unos 100 m2 y unos 3.000 productos diferentes.
Mientras tanto, en el país galo avanzan con Bio, una cadena donde vendían sólo productos orgánicos. Esto es, un súper donde desde las gaseosas hasta el detergente, del pan al café estaban producidos bajo certificaciones de que no tenían añadidos no naturales.
En muchos países, apuraban la venta desde el celular, con entrega a domicilio. En París, garantizaban que el delivery llegaba en media hora: Amazon desembarcó en el mercado de productos frescos y prometía ese tiempo de entrega. "Tenemos que ser omniplataforma, estar presentes en todas las opciones de venta", comentaba Anne Laure Klein, directora de estrategia de la marca.
En un local de Belgrano, en Buenos Aires, experimentaban con un llamador que avisaba al cliente cuándo podía ir a la caja, sin hacer cola.
El desafío era aptar público más joven: en España, el 27 % de los que hacían compra on line no pisaba los locales de la cadena: había robots que asesoraban sobre qué vino comprar. En Italia, ofrecían un scaner hogareño al que se enseñaba cada cosa que se consumía y la anotaba para la próxima lista de compra. En Rumania hacían compra con realidad virtual. En Italia, había súpers abiertos las 24 horas.
Esos son los caminos que recorría hoy el supermercadismo en el primer mundo.

Fuente: Diario Clarín