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Martes 26 de marzo de 2019

La Cámara Argentina de Comercio y Servicios manifestó su rechazo al SIRTAC

La CAC expresó preocupación y repudio a la proliferación de regímenes de recaudación de tributos locales que se superponían muchas veces sobre las mismas operaciones, generaban saldos permanentes a favor de los contribuyentes y cercenaban el capital de trabajo de las empresas.
Según la entidad, la creación del Sistema de Recaudación sobre Tarjetas de Crédito y Compra (SIRTAC) por la Comisión Arbitral del Convenio Multilateral (integrada por representantes de las provincias y la ciudad de Buenos Aires) para la retención que se aplicará sobre las ventas cobradas mediante las tarjetas de crédito, era un intento de ordenar un caos tributario que no debería existir.
La Cámara Argentina de comercio consideró que los regímenes de recaudación como el SIRTAC o los locales que se proponía reemplazar podían causar incrementos de precios, una migración al cobro en efectivo, informalización de la economía, quitar capital de trabajo (por el incremento de saldos a favor permanentes de los contribuyentes) y por ende pérdida de empleo.
La CAC consideraba que estos sistemas presionaban aún más al sector del comercio, que tuvo una caída interanual de 15 %en el último trimestre de 2018, aumento de tarifas de servicios públicos y tenía una gran presión fiscal.
Además, la entidad recordó que los compromisos asumidos en el Consenso Fiscal Federal firmado en el año 2017 respecto de la racionalización de estos regímenes y la rápida devolución a los contribuyentes de los saldos a favor eran, hasta el día de hoy, letra muerta y no se conocía medida de efectos prácticos alguna de las provincias y la ciudad de Buenos Aires para su cumplimiento.
Finalmente, la CAC hizo un llamado a que los gobernadores reconsideraran la política recaudatoria de carácter predatorio, perjudicial para el comercio y economía en su conjunto. Asimismo manifestó el compromiso de seguir defendiendo a las pequeñas y medianas empresas, especialmente afectadas por la medida.

Fuente: El Economista